CARIÑO, TUVIMOS MALA SUERTE
“Lo demás viene por añadidura.”
Mi mamá siempre me dijo que cuando uno hacía las cosas bien, el resto de cosas venían por añadidura; ahora tengo una duda, si no he visto la añadidura de mis buenos actos en los últimos dos años, debe ser porque la balanza se está inclinando hacia la evidencia de que me faltan sólo dos shots más de Vodka, para convertirme en una escoria social.
Mami: Tengo un ‘karma de mierda’ en la nuca, me hizo dos manos izquierdas, y así esté convencida que lo que estoy haciendo está bien, ¡pues no!, hay un montón de gente prendida de las consecuencias de mis actos, que a su vez están prendidas a la supuesta añadidura, que vendría en camino a hacerme la persona más feliz del mundo, o por lo menos multimillonaria.
Pero todo cambia, cuando la mejor amiga dice: “El problema es que usted es conchuda, si le sigue gustando un ‘man’ feo, mala persona, y mal catre”. Inmediatamente viene un flash back, la piel se eriza, las pupilas se dilatan, hay una leve contorsión del abdomen y sólo una expresión puede describir lo que sentí en ese momento, acompañado de un ‘eeewwwww, ¡ábrase marica!’ (la cuestión es de contexto, no es mi culpa si es poco entendible). Y que después de toda esta masacre de recuerdos, siga con intenciones de decir, “no parce, yo me lo aguanto, es que vea; lo amo, ¿si me entiende?”, no entiendo cómo sigue dispuesta a ser mi mejor amiga, y cómo yo estoy dispuesta a escribir esto, sin sentir un poco de vergüenza conmigo misma, y con lo que me ha enseñado mi mamá.
Pero es que mi problema no empezó acá, todo se remonta a unos 4 años atrás. Yo era virgen, y como toda virgen, no vivía depilada, no pensaba en que me estuvieran diciendo mentiras, creía en esas páginas que te dicen quienes son los putos que te tienen bloqueado en MSN, aún peor, usaba MSN, y pensaba que ‘eso’ (la virginidad), de lo que me saciaba presumir frente a mis amigas desvirgadas que no habían pasado de la pubertad invictas, era algo valioso; después entendí que la única virginidad que vale la pena conservar, es la del pelo. Y bueno, la perdí. No voy a hablar de cómo la perdí, porque me quedaría sin material para mi próximo escrito, el cual ya se titula “Au se te pego”. Aquí voy a hablar es del maravilloso sujeto que se dio a la tarea terriblemente sobrevalorada y absolutamente machista, de romper un himen. Sí, en este caso, el mío. Tan maravilloso era este galante ejemplar masculino; que tenía novia, y que no tuvo consideración, de pedirme un taxi a las 5 am; y pues sí, yo, cual reina de belleza, llorando y coronada, me dispuse a empezar este viacrucis, donde la ausencia de razón, de dignidad, y de astucia, me iba a pasar una cuenta de cobro, que a pesar de que me costaría lágrimas, también me daría la oportunidad de hacer reír a quien me escuchase.
(Obvio continúa, o ¿cuándo han visto a la mierda acabarse?)